Hace ya cinco días de mi último post, y, aunque han dado para bastante, no sé muy bien por donde empezar. Quizá lo mejor sea narrar un poco el fin de semana.
El viernes estuvimos de cervezas en una terraza en el río (algún día debería adivinar como se llama). Agradable, la curiosidad reside en que depende de la cerveza que tomes tienes una camarera u otra. Y la camarera de Singha era un primor. Pero esa noche terminó temprano, estábamos cansados y el sábado nos esperaba una noche que se prometía asilvestrada. Y a fe que fue.
Nos habíamos enterado por la dueña de que había una fiesta en el Raindogs, un garito que está de puta madre. Un porche, una barbacoa, una sala para bailar y otra con sofás, todo con rock occidental de fondo y bien servido. Desde que lo supimos, pusimos en marcha los mecanismos para juntar allí un buen grupo de españoles e invitar a gente conocida o lo que es lo mismo, intentamos adueñarnos de la fiesta que organizaban otros. Alberto decidió invitar a "nuestra" fiesta a una alumna suya francesa. Esta sería, más o menos, la conversación vía sms:
Alberto: "Hay una fiesta el sábado en el Raindogs, vamos a estar un grupo de españoles. Vente y así practicas"
Francesa: "Sí, ya sé lo de la fiesta. La organiza mi padre para celebrar el cumpleaños de mi madre"
Cualquiera en sus cabales habría decidido no acudir a esa fiesta...no era sólo que no conocíamos a nadie, sino que habíamos invitado a la organizadora! Pero fuimos, claro. Y conocimos a la cumpleañera, una francesa cincuentona con una marcha en el cuerpo que nos sentaba a todos. Y nos dieron barra libre de bebida y comida.
Por si la noche sabía a poco, decidimos cambiar de local, y nos fuimos al Sapaisi, un sitio que paga a los taxistas que te llevan hasta allí. Eso suena a que el garito es horrible. Pero no, sólo es un antro de perdición. Aunque el Sapaisi original estaba cerrado por una redada, lo habían montado enfrente, en la trasera de un restaurante. La sensación de estar entrando en un lugar ilegal se incrementaba a medida que atravesabas el comedor, te abrían una puerta que daba a un almacén, te metían en un ascensor, te subían a un primero, entrabas en una casa. Pero sí, allí había una discoteca, o algo parecido, lleno de gente. Por supuesto, ellos falang, ellas thais. Pero también había un karaoke, con un negro-chino descomunal que nos lanzó una mirada de quitar el hipo cuando Alberto, Dani, Villa y yo entonamos el Aserejé en inglés. Un espectáculo.
Llegados a este punto, y después de casi dos semanas en Bangkok, si habéis leido el blog os habréis dado cuenta de que de trabajo he hablado lo justo. Parece que sólo ociamos. No es cierto, no del todo. Estas primeras semanas íbamos a rodar un documental con un luchador de muay thai, pero al final no ha podido ser y nos hemos dedicado a preparar la tourneé por Laos, Vietnam y Camboya que empezamos la semana que viene y a buscar otras historias para rodar. Estamos en ello, pero eso os lo contaré en otra ocasión.
Un beso
lunes, 29 de septiembre de 2008
jueves, 25 de septiembre de 2008
Lujos asiáticos
Bangkok está lleno de contrastes, a golpe de vista conviven la pobreza y el lujo una esquina detrás de otra, salvo en Bang Nha, el barrio donde vivimos.
Ya os hablé del BTS, pero lo que no he dicho es que las estaciones se construyen no donde tendría más sentido, sino donde hay un centro comercial de dimensiones considerables, y escuchadme, aquí todos tienen dimensiones muy considerables. El recorrido de las dos líneas de BTS no parece responder a un sentido lógico de las necesidades de los habitantes de la ciudad. Las paradas no necesariamente están en los lugares habitados, más bien es una columna vertebral de edificios comerciales y de oficinas. Y podríais decir...para ir hasta casa está el autobús...Pues sí, probablemente, o no, porque las líneas de autobús son un tanto incomprensibles, por supuesto las paradas no están en alfabeto latino, así que lo descartamos más que para ir de la estación más cercana del BTS hasta nuestra casa.
Dicho esto...lo que sigue es un relato de andanzas literales, kilómetros y kilómetros deambulando por Bangkok en busca de los palacios del monarca más rico del planeta. El camino empezó un lunes y acabó ayer, pero no fue de seguido, paramos a comer. El Palacio Real está en la zona de los templos, y...sinceramente, según entré me vi transportado a Port Aventura. Es bonito sí, pero parece un parque temático con ese dorado que no me acaba de convencer y con unas construcciones que parecen hechas para no pervivir en el tiempo (en la memoria sí). Aunque lo que visitas es, por supuesto, sólo el exterior del Palacio Real y los templos del complejo, todo tiene un aire laberíntico con intensos colores rojos, dorados, azules, es una fiesta arcoiris. Ya que estábamos por allí, cruzamos la acera dando un buen rodeo y nos encontramos con el Buda recostado, que es una auténtica maravilla. Sinceramente, es una escultura acojonante. Pero hay tanto templo que ver, y todos son tan absolutamente iguales, que la impresión que causa se difumina intentando salir de allí.
Os estareis preguntando...y estos tíos que se quejan de andar, ¿cuándo andaron? Fácil...dos días después, con la misma entrada, cogimos las de Villadiego, o lo que es lo mismo, el camino del norte, para ir a ver la residencia de verano del monarca. Siguiendo la llamada del Museo del Elefante Real, nos plantamos en la estación de Victory Monument para ir dando un paseo hasta el complejo. Un paseo....una paliza de caminata hasta allí, y en medio, una comitiva real que nos obligó a quedarnos quietecitos y sin hablar mientras pasaban.
Pero aquello tampoco es que fuera nada del otro mundo, así que tras un par de horas viendo los recuerdos que los reyes de este país se han ido trayendo de occidente, emprendimos el regreso al BTS, por supuesto, con comitiva real a mitad de trayecto y con un hambre de esos de dar miedo, con sonidos guturales incluidos. Y vuelta a andar, vuelta al segundo centro comercial de Asia y a sus pasillos kilométricos, vuelta al lujo de las imitaciones y a la legalidad de lo ilegal.
Y vuelta a casa, y a seguir andando. Porque la parada de sky train que queda cerca de casa está a tres cuartos de hora andando, y por probar a unir mi casa con la estación a patita, eché a andar y llegué desfondado.
Afortunadamente hoy jueves Ángel Villarino nos ha deleitado con una tarde de piscina en la azotea de su casa y un rato de sauna, completado con unas partidas de Pro, cerveza y peli de los Hermanos Marx....eso sí es un lujo, asiático o no, pero lujo.
Un beso
Ya os hablé del BTS, pero lo que no he dicho es que las estaciones se construyen no donde tendría más sentido, sino donde hay un centro comercial de dimensiones considerables, y escuchadme, aquí todos tienen dimensiones muy considerables. El recorrido de las dos líneas de BTS no parece responder a un sentido lógico de las necesidades de los habitantes de la ciudad. Las paradas no necesariamente están en los lugares habitados, más bien es una columna vertebral de edificios comerciales y de oficinas. Y podríais decir...para ir hasta casa está el autobús...Pues sí, probablemente, o no, porque las líneas de autobús son un tanto incomprensibles, por supuesto las paradas no están en alfabeto latino, así que lo descartamos más que para ir de la estación más cercana del BTS hasta nuestra casa.
Dicho esto...lo que sigue es un relato de andanzas literales, kilómetros y kilómetros deambulando por Bangkok en busca de los palacios del monarca más rico del planeta. El camino empezó un lunes y acabó ayer, pero no fue de seguido, paramos a comer. El Palacio Real está en la zona de los templos, y...sinceramente, según entré me vi transportado a Port Aventura. Es bonito sí, pero parece un parque temático con ese dorado que no me acaba de convencer y con unas construcciones que parecen hechas para no pervivir en el tiempo (en la memoria sí). Aunque lo que visitas es, por supuesto, sólo el exterior del Palacio Real y los templos del complejo, todo tiene un aire laberíntico con intensos colores rojos, dorados, azules, es una fiesta arcoiris. Ya que estábamos por allí, cruzamos la acera dando un buen rodeo y nos encontramos con el Buda recostado, que es una auténtica maravilla. Sinceramente, es una escultura acojonante. Pero hay tanto templo que ver, y todos son tan absolutamente iguales, que la impresión que causa se difumina intentando salir de allí.
Os estareis preguntando...y estos tíos que se quejan de andar, ¿cuándo andaron? Fácil...dos días después, con la misma entrada, cogimos las de Villadiego, o lo que es lo mismo, el camino del norte, para ir a ver la residencia de verano del monarca. Siguiendo la llamada del Museo del Elefante Real, nos plantamos en la estación de Victory Monument para ir dando un paseo hasta el complejo. Un paseo....una paliza de caminata hasta allí, y en medio, una comitiva real que nos obligó a quedarnos quietecitos y sin hablar mientras pasaban.
Pero aquello tampoco es que fuera nada del otro mundo, así que tras un par de horas viendo los recuerdos que los reyes de este país se han ido trayendo de occidente, emprendimos el regreso al BTS, por supuesto, con comitiva real a mitad de trayecto y con un hambre de esos de dar miedo, con sonidos guturales incluidos. Y vuelta a andar, vuelta al segundo centro comercial de Asia y a sus pasillos kilométricos, vuelta al lujo de las imitaciones y a la legalidad de lo ilegal.
Y vuelta a casa, y a seguir andando. Porque la parada de sky train que queda cerca de casa está a tres cuartos de hora andando, y por probar a unir mi casa con la estación a patita, eché a andar y llegué desfondado.
Afortunadamente hoy jueves Ángel Villarino nos ha deleitado con una tarde de piscina en la azotea de su casa y un rato de sauna, completado con unas partidas de Pro, cerveza y peli de los Hermanos Marx....eso sí es un lujo, asiático o no, pero lujo.
Un beso
martes, 23 de septiembre de 2008
Aquí también buscan un tesoro
Hace unos años Danny De Vito visitó Madrid y ante la pregunta de un periodista acerca de sus impresiones de la ciudad, el americano contestó: "está muy bien, pero espero que encuentren pronto el tesoro". Pues en Bangkok pasa lo mismo. En esta ciudad hay una búsqueda permanente de un tesoro oculto, será un cofre de nuddles, será un barril de arroz, no tengo ni idea, pero la ciudad entera está envuelta en obras. Y lo peor no es que se convierta en invivible porque las aceras estén levantadas, lo peor es que se convierte en indormible porque también trabajan de noche, y yo, que tengo el sueño difícil, aunque haya quien lo dude, lo sufro, por ahora, a diario.
Hay algo curioso en esta ciudad, además de la sensación de irrealidad que te invade cuando la vives un poco, y es la sensación de ser un lugar absolutamente inabarcable. El transporte público vertebra una ciudad invertebrada, con surburbios a tal distancia que en España hablaríamos de otras ciudades, y andar por Bangkok tiene siempre dos límites, las distancias enormes y una autopista que se cruce en tu camino.
El transporte público merece un capítulo aparte. Aquí tienes varias opciones de transporte por carretera. El taxi, que es la más cómoda, es barato, muy hortera (los taxis son de colores imposibles, rosas, verdes...) y la ciudad está llena. El autobús, que es más barato, pero es más incómodo. Un bus te sale por unos 10 baths (20 céntimos) si no tiene aire acondicionado, y 16 o así si tiene aire acondicionado. Y el BTS, que es el Sky Train, como el del Sprinfield de los Simpson, sólo que aquí funciona bien.
Antes hacía la apreciación de que estos son los tranportes públicos por carretera porque también hay transporte público fluvial, pero no lo tengo muy estudiado aún, así que ya os lo contaré otro día.
Un beso a todos, y hasta pronto
Hay algo curioso en esta ciudad, además de la sensación de irrealidad que te invade cuando la vives un poco, y es la sensación de ser un lugar absolutamente inabarcable. El transporte público vertebra una ciudad invertebrada, con surburbios a tal distancia que en España hablaríamos de otras ciudades, y andar por Bangkok tiene siempre dos límites, las distancias enormes y una autopista que se cruce en tu camino.
El transporte público merece un capítulo aparte. Aquí tienes varias opciones de transporte por carretera. El taxi, que es la más cómoda, es barato, muy hortera (los taxis son de colores imposibles, rosas, verdes...) y la ciudad está llena. El autobús, que es más barato, pero es más incómodo. Un bus te sale por unos 10 baths (20 céntimos) si no tiene aire acondicionado, y 16 o así si tiene aire acondicionado. Y el BTS, que es el Sky Train, como el del Sprinfield de los Simpson, sólo que aquí funciona bien.
Antes hacía la apreciación de que estos son los tranportes públicos por carretera porque también hay transporte público fluvial, pero no lo tengo muy estudiado aún, así que ya os lo contaré otro día.
Un beso a todos, y hasta pronto
domingo, 21 de septiembre de 2008
El parque de los varanos
No es que el fin de semana haya sido una salvajada, pero uno llega a la noche del domingo muy cansado.
Al final, la fiesta que se esperaba en una playa artificial en lo alto de un edificio no tuvo lugar....la maldita lluvia, pero lo cambiamos por unas cervezas en un bar montado en una gasolinera y por una discoteca que mezcla un pequeño escenario con música en vivo (versiones mal cantadas de clásicos populares), un billar donde un thai se esforzaba por no meter la bola de ninguna manera, y una sala donde la gente baila desbocada y busca carnaza. Las thais, un "novio" occidental del que aprovecharse y molar; los thais, evitar que las thais caigan en manos extranjeras; las occidentales, desbocarse porque no se comen un colín; y los occidentales asisten abrumados a lo que aparece en la noche...es tremendo.
Básicamente esto consiste en que ellas, las thais, buscan un amante-novio occidental al que suponen rico para que las invite a cenar, a las copas, pague la ortodoncia del primo o la gotera del vecino. Intentarán convencerte de que es amor verdadero, pero es mentira, sólo buscan dinero, ni siquiera cariño.
Visto esto, y amanecidos el sábado a las 5 de la tarde (todo sea dicho), el mejor plan posible era buscar un super por el barrio y hacer la compra, pero no es fácil, y, sobre todo, no es barato. Aquí lo barato es comer en la calle, de puesto callejero o restaurante. Esto merece un punto y a parte. La comida, especiada, picante, está realmente buena. Arroz, nuddles, pollo, cerdo, sopas, verdura, tiene poca variedad, pero todo es apetecible. Escorpiones, penes de tigres, sapos y demás aún no los he encontrado, pero yo sigo con la mosca detrás de la oreja, me apetece probarlos.
El domingo lo dedicamos a socializarnos entre nosotros y decidir qué camino tomar, pero complementado con un parque lleno de varanos y gente haciendo aerobic y unas cervezas en un mexicano. Acabamos bailando la cucaracha y disfrazados con sombreros mexicanos....guiri en país extraño...
Un beso y hasta la próxima
Al final, la fiesta que se esperaba en una playa artificial en lo alto de un edificio no tuvo lugar....la maldita lluvia, pero lo cambiamos por unas cervezas en un bar montado en una gasolinera y por una discoteca que mezcla un pequeño escenario con música en vivo (versiones mal cantadas de clásicos populares), un billar donde un thai se esforzaba por no meter la bola de ninguna manera, y una sala donde la gente baila desbocada y busca carnaza. Las thais, un "novio" occidental del que aprovecharse y molar; los thais, evitar que las thais caigan en manos extranjeras; las occidentales, desbocarse porque no se comen un colín; y los occidentales asisten abrumados a lo que aparece en la noche...es tremendo.
Básicamente esto consiste en que ellas, las thais, buscan un amante-novio occidental al que suponen rico para que las invite a cenar, a las copas, pague la ortodoncia del primo o la gotera del vecino. Intentarán convencerte de que es amor verdadero, pero es mentira, sólo buscan dinero, ni siquiera cariño.
Visto esto, y amanecidos el sábado a las 5 de la tarde (todo sea dicho), el mejor plan posible era buscar un super por el barrio y hacer la compra, pero no es fácil, y, sobre todo, no es barato. Aquí lo barato es comer en la calle, de puesto callejero o restaurante. Esto merece un punto y a parte. La comida, especiada, picante, está realmente buena. Arroz, nuddles, pollo, cerdo, sopas, verdura, tiene poca variedad, pero todo es apetecible. Escorpiones, penes de tigres, sapos y demás aún no los he encontrado, pero yo sigo con la mosca detrás de la oreja, me apetece probarlos.
El domingo lo dedicamos a socializarnos entre nosotros y decidir qué camino tomar, pero complementado con un parque lleno de varanos y gente haciendo aerobic y unas cervezas en un mexicano. Acabamos bailando la cucaracha y disfrazados con sombreros mexicanos....guiri en país extraño...
Un beso y hasta la próxima
viernes, 19 de septiembre de 2008
El día más largo
El Atila Asian Tour 2008 ha comenzado. Primera parada, Bangkok, al menos durante dos semanas largas estaremos por aquí el grupo de golfos apandadores intentando exprimir un poco de jugo a una ciudad que, por lo poco que hemos visto hasta ahora, se antoja llena de contrastes y apasionante.
Aunque salimos de Madrid el miércoles 17 de septiembre y hoy es ya día 19...yo sigo viviendo el mismo día. Despegar de Madrid a las 5 de la tarde y llegar a Bangkok a las 2 del mediodía hora local (algo así como las 9 en España) y descubrir que quien tiene las llaves de tu casa no aparece y aún tardará dos horas en llegar no tiene precio. O sí, los 80 euros que pagamos por 3 semanas en una habitación grande, algo destartalada, con nevera, aire acondicionado, internet, una cama enorme en el suelo y una estantería. Pero es lo de menos. Estamos en un barrio popular, clase media baja de la gran ciudad, con vecinos del estilo de un grupo de creacionistas sudafricanos, un elefante que pasa correteando con su domador por la calle o una parada de moto-taxis de chaleco naranja.
Bangkok se presenta como una ciudad con unos olores muy marcados, muy diferentes a los que hasta ahora me había enfrentado, con un tráfico caótico, barata si quieres vivir barato y con un contraste económico brutal. En la misma calle puedes encontrar un rascacielos de lujo
junto a un grupo de destartaladas casas bajas. Pero esa es la gracia.
Ayer recorrimos el barrio, cenamos en la piscina de nuestra vecindad y recenamos en el centro en un puesto callejero. Los nudles saben distintos aquí, y el toffu está mejor, Pablo, aunque sigue sin convencerme. El día acabó en una tienda-pub, con una vitrina en la que compartían espacio una colección de gafas modernistas y unas cuantas barajas de cartas pornográficas, o artículos de vespa, o tablas de surf, un poco de todo.
Hoy viernes, pero como dije antes, el mismo día desde el miércoles, hemos echado la tarde en el segundo mayor centro comercial de Asia...una pasada. Hemos comido en un Food Center, una especie de parque temático de la comida tailandesa donde pagas con dinero del monopoly, y después hemos entrado en el maremagnum de las falsificaciones, imitaciones o lo que quiera que sea eso.
Y ahora, a las 20:30 hora local, os dejo un rato, que me esperan para ir a una fiesta en una playa artificial en lo alto de un edificio....si la lluvia lo permite, que no está muy claro que quiera hacerlo.
Un beso
Aunque salimos de Madrid el miércoles 17 de septiembre y hoy es ya día 19...yo sigo viviendo el mismo día. Despegar de Madrid a las 5 de la tarde y llegar a Bangkok a las 2 del mediodía hora local (algo así como las 9 en España) y descubrir que quien tiene las llaves de tu casa no aparece y aún tardará dos horas en llegar no tiene precio. O sí, los 80 euros que pagamos por 3 semanas en una habitación grande, algo destartalada, con nevera, aire acondicionado, internet, una cama enorme en el suelo y una estantería. Pero es lo de menos. Estamos en un barrio popular, clase media baja de la gran ciudad, con vecinos del estilo de un grupo de creacionistas sudafricanos, un elefante que pasa correteando con su domador por la calle o una parada de moto-taxis de chaleco naranja.
Bangkok se presenta como una ciudad con unos olores muy marcados, muy diferentes a los que hasta ahora me había enfrentado, con un tráfico caótico, barata si quieres vivir barato y con un contraste económico brutal. En la misma calle puedes encontrar un rascacielos de lujo
junto a un grupo de destartaladas casas bajas. Pero esa es la gracia.
Ayer recorrimos el barrio, cenamos en la piscina de nuestra vecindad y recenamos en el centro en un puesto callejero. Los nudles saben distintos aquí, y el toffu está mejor, Pablo, aunque sigue sin convencerme. El día acabó en una tienda-pub, con una vitrina en la que compartían espacio una colección de gafas modernistas y unas cuantas barajas de cartas pornográficas, o artículos de vespa, o tablas de surf, un poco de todo.
Hoy viernes, pero como dije antes, el mismo día desde el miércoles, hemos echado la tarde en el segundo mayor centro comercial de Asia...una pasada. Hemos comido en un Food Center, una especie de parque temático de la comida tailandesa donde pagas con dinero del monopoly, y después hemos entrado en el maremagnum de las falsificaciones, imitaciones o lo que quiera que sea eso.
Y ahora, a las 20:30 hora local, os dejo un rato, que me esperan para ir a una fiesta en una playa artificial en lo alto de un edificio....si la lluvia lo permite, que no está muy claro que quiera hacerlo.
Un beso
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