viernes, 28 de noviembre de 2008

Todo en calma

Sigue por Bangkok la cosa igual que en el último post. Los aeropuertos tomados, movidas en la casa del Gobierno, tailandeses a palos y lanzándose granadas entre ellos...pero leo las crónicas que se están publicando en España y, sinceramente, me parece que retratan otra ciudad distinta de ésta en la que yo vivo. Entiendo que en Europa se está siendo bastante alarmista con la información que se está publicando, yo os recomiedo que busquéis lo que publicó ayer Ángel Villarino en La Razón, me parece que acierta con lo que ocurre.

Bangkok está realmente tranquilo, el mismo caos de tráfico, la misma gente en la calle, todo abierto, todo igual. Quizá lo único que ha cambiado es que ahora los tais si que hablan de ello abiertamente contigo, pero claro, mientras no se demuestre lo contrario eres un turista atrapado hasta que la cosa cambie. Pero a mis ojos, es como si no estuviera pasando nada, no se nota nada distinto, sinceramente.

En cualquier caso, nosotros seguimos con nuestros planes y esta noche hemos montado una fiesta española que servirá para despedirnos nosotros y para despedirse otros cuantos españoles que empiezan a enfilar la vuelta a casa. Os sigo contando.

Un beso

miércoles, 26 de noviembre de 2008

¿Nos dejarán salir?

Miles de turistas están atrapados en Bangkok, con los vuelos de regreso a Europa suspendidos hasta nuevo aviso y rodeados de manifestantes. No sé si os habréis enterado, pero desde hace unos meses la situación está tensa en Tailandia. El partido antigubernamental tiene tomada la sede del Gobierno y desde ayer también el aeropuerto internacional de Bangkok. Piden la renuncia del Gobierno, elecciones y reformar la Constitución. Es curioso, porque es una revolución de la aristocracia. Reclaman que el 70% del Parlamento se elija por designación a dedo, para poder controlarlo. Consideran que no se pueden dedicar los impuestos a mejorar la calidad de vida de los ciudadanos, sino a mejorar la suya propia. Están en contra de la inversión extranjera. Quieren volver al Antiguo Regimen, en resumen.

Pero por lo demás, y aunque hay enfrentamientos en las inmediaciones de la sede del Gobierno, no se ve ninguna alteración en la vida diaria de la ciudad. Todo está en calma para los extranjeros. Así que no hay que preocuparse, al menos no más allá de si abrirán el aeropuerto antes del miércoles y nos dejan salir del país...Si no, pues nada, unos días de regalo ociando por aquí.

Seguiré contando. Un beso

lunes, 24 de noviembre de 2008

Mi vida en un autobús

No es que me haya olvidado de escribir, es que llevo una semana larga viviendo en un autobús, y a ratos bajando a estirar las piernas. Desde que nos fuimos a Laos hace diez días, hemos pasado, así a ojo, 80 horas en un autobús o similar. Algunos sabéis de mi querencia por este medio de transporte, y sigo defendiéndolo, pero me apetece alejarme una temporada larga de él. En cualquier caso, diré que en estos días he subido al mejor autobús al que subiré jamás, con sillón de masaje incluido y un katoy como azafata. Ningún avión puede competir con eso, y menos algún tren.

Autobús aparte, en esta semana hemos pasado por puertas del Infierno, como Phonsavan, y por auténticos paraísos naturales, como Koh Chang, y en medio, Vientianne, Bangkok, Vang Vieng, Nong Kai...un viaje vertiginoso que nos trae de nuevo a Bangkok, a donde hemos llegado hace un rato directamente de la playa, o de alta mar mejor dicho. Hemos pasado el fin de semana haciendo snorkelling en Koh Chang, una isla al sur de Tailandia que es un paraíso natural como pocos.

Y ahora empieza la auténtica cuenta atrás. Para que César se quede más tranquilo, en diez días volvemos a España, aunque ahora que empieza el ocio apetezca poco pensar en eso. Por lo pronto, me voy a la bolera, a disfrutar de las primeras horas de Bangkok sin nada que hacer.

Besos

lunes, 17 de noviembre de 2008

Cartas desde la Francia colonial

En Luang Prabang, Francia esta mas presente que en algunos barrios de Marsella. No es una exageracion. Esta ciudad colonial, construida en gran parte durante finales del XIX y principios del XX por los franceses, fue la capital del antiguo Laos frances, la joyita de la corona asiatica chovinista. Y a fe que dejaron muestra de que les gustaba cuidarlo. La calle principal es una continuacion de casitas bajas de estilo colonial, que desembocan en dos grandes templos budistas, uno en cada extremo. Mezclada con la jungla y a orillas del Mekong, si Phnom Phen parecia el Hanoi de "El americano tranquilo", Luang Prabang se parece mas al Vietnam colonial que Annaud retrato en "El amante".
Es curioso como puedes trasladarte a la Francia colonial en tan solo unos kilometros. La estacion de autobuses de Luang Prabang es un barrizal en las afueras, muy descorazonador. Pero el tuc tuc te va acercando a calles cada vez mas frecuentadas, cada vez mas animadas, hasta llegar al mercado nocturno, una pequegna aldea de tiendas de campagna donde puedes encontrar de todo, o casi de todo (el opio lo ofrecen en algunas esquinas, pero no abiertamente en el mercado). La mayoria de los turistas son franceses, supongo que muchos de ellos nostalgicos de la grandeur, las indicaciones estan en frances mas que en ingles, y el pan y el croissant abundan bastante.
En cualquier caso, magnana seguimos la ruta hacia el sur del pais y vamos a la Plain of Jars, una llanura llena de restos prehistoricos, y despues, a Vang Vieng, el paraiso del tubbing (ya os lo explicare) y a Vientianne a terminar con Laos. Hasta la proxima conexion a internet, que no es facil en Laos.
Un beso a todos

jueves, 13 de noviembre de 2008

El largo camino a Laos

Casi dos meses después de llegar a Tailandia, esta noche empezamos nuestro último viaje asiático, al menos por ahora. Dentro de unas horas cogeremos un autobús que diez horas después nos dejará en Vientianne, en Laos. Y allí, la aventura de uno de los países más pobres del mundo, dictadura comunista incluída, pero que en los últimos años está creciendo a buen ritmo, y ya se verá si se acerca a sus vecinos.

Aquí, en Bangkok, las cosas cambian día a día un poco más. Dani se ha ido a Bangladesh, Alberto a Casablanca, ha llegado Oriol...Cambian los protagonistas, pero la locura y la irrealidad sigue presente, aunque con menos frecuencia que al comienzo.

Suele pasar, pero ahora que le estoy cogiendo el gusto a la ciudad no me importaría que en vez de dos semanas largas quedaran 2 meses largos para seguir disfrutando de una vida tan diferente a Europa. Pero de todos modos, esto sigue siendo invivible y sigo convencido de que no sería capaz de hacer de la ciudad mi ciudad. Pero en cualquier caso, no merece la pena planteárselo, simplemente aprovechar estos últimos 20 días y llevarnos una buena experiencia a Europa.

Un beso

lunes, 10 de noviembre de 2008

Resurrección en rosa

La locura se esconde en cada rincón de Tailandia. Es habitual cruzarse con atrapados en cualquier punto de Bangkok, y esta ciudad es el espejo del resto del país, así que sólo hay que multiplicar para hacerse una idea de los miles de colgados que viven en el país de las sonrisas. Pero lo sorprendente es cuando esa locura individual se convierte en colectiva y, de algún modo, se oficializa, se regula y se convierte en tradición. Hay tradiciones absurdas, hay tradiciones ancestrales, hay otras divertidas y otras dolorosas, pero en Nakhorn Nayok lo que manda la tradición es reencarnarse dentro de un ataúd rosa.

El domingo nos fuimos de excursión a rodar una pieza loca a cien km de Bangkok. La historia, que habíamos leído en el Herald Tribune, nos atrapó desde el primer momento. Un templo donde puedes reencarnarte por cinco dólares. Ahí había una historia absurda, loca y fascinante. En este caso la realidad no supera a la ficción, sino que la iguala. Porque un templo así sólo puede salir de una mente desvariada, pero visto lo que rodea al lugar, no sólo era un loco sino un genio en la empresa de hacer mucho dinero.

El caso es que en Nakhorn Nayok se reúnen hasta 800 personas por sesión, con dos sesiones diarias, para reencarnarse y dejar atrás los problemas de la vida anterior. No cambias de nombre, simplemente renaces a una nueva vida. En la entrada está la taquilla, cinco dólares, o lo que es lo mismo, 180 baths, es la tarifa que los amables monjes cobran por matar y revivir a la gente. Una ceremonia de hora y media, y todos de pie, en grupos de nueve, para encarar la muerte y resurrección dentro de uno de los nueve ataúdes rosas que presiden el interior del templo. Los monjes inician un cántico cansino en sánscrito, matan a los crédulos con una sábana blanca, y, tras tres minutos dentro del ataúd, los incautos se marchan convencidos de ser una persona nueva.

Y tras eso, una comilona. Que los monjes, habilmente, invitan a comer después de la ceremonia a todos los que se pasan por allí a reencarnarse, a curiosear, o, como nosotros, a rodar una pieza loca.

La pena es que no os puedo explicar lo que se siente dentro del ataúd, porque no entré, pero Ángel os lo puede contar, que renació, aunque yo le veo igual que antes, si acaso un poco más rubio.

Un beso

viernes, 7 de noviembre de 2008

Cuestión de pijamas

Camboya es un país para estudiar. Es un país duro, aunque dicen que más duros son los vietnamitas, pero el contraste entre la opulencia de los occidentales que por allí trastean y la pobreza que ves en cada esquina tiene el poder de dejarte tocado.

En realidad, de lo que hemos visto y en el plano turístico, Phnom Phen tiene poquito, Sihanouk Ville nada de nada, y Siam Reap tiene Angkor, que no tiene precio. Lo voy a decir...sustituyo Shangklanburi y su desfiladero de las Tres Pagodas por los Templos de Angkor como el sitio más impresionante en el que he estado. El amanecer en Angkor Wat, la mayor construcción de carácter religioso del mundo, es indescriptible. En realidad, la impresión te deja mudo, incapaz de comprender cómo el hombre fue capaz de construir, hace más de mil años, una ciudad de tal magnitud.

Yendo un poco más allá, la pobreza asusta. Camboya tiene un potencial impresionante con el turismo que puede llegar a atraer, pero le falta creérselo, o algo parecido. Para empezar, la mejor carretera del país es una pista medio asfaltada, así que del resto no haré comentarios. Pero, en realidad, lo que desespera es la corrupción. Eso es lo que impide que avance. Mientras unos tipos se dediquen a buscar (y conseguir) el soborno del turista, no avanzarán ni una pizca. Porque, obviamente, ellos no quieren que eso cambie. Se quedan con el soborno un día sí y otro también, y eso es lo más perceptible, sospecho que si indagas un poco más, será aún más sangrante.

Pero si algo me he traido de Camboya es una pregunta que me temo quedará sin respuesta. El primer día, no te fijas; el segundo, algo te parece extraño, pero no sabes lo que es; el tercero, es obvio...¿por qué la mitad de las camboyanas van en pijama por la calle a cualquier hora? Intento buscarle respuesta por mi mismo, racionalizarlo, pero no lo entiendo. ¿Es algo así como el uniforme de maruja de chándal y zapatos de tacón en versión Tercer Mundo? ¿O quizá es simplemente una moda importada de alguna película infame? No tengo ni idea. Y mientras el mundo cambia, mientras Obama es nuevo presidente del planeta, las camboyanas siguen paseando en pijama por las calles, y yo, con esta duda irresoluble.

Un beso

domingo, 2 de noviembre de 2008

El delirio hace extraños compañeros de cama

Ayer por la tarde llegamos a Phnom Penh...un lugar no apto para determinadas conciencias y, desde luego, poco apto para cardíacos. El aeropuerto está en medio de la ciudad, primera sorpresa. El conductor de tuc tuc, muy majete él, nos llevó al hotel que le vino en gracia, vivir de comisiones es así.
En tiempos mejores la ciudad debió ser bastante agradable, bonita y habitable. Hoy queda poco de eso. Algún recuerdo en forma de edificio destartalado, un par de amplias avenidas y el barrio de las embajadas. Sin embargo, mientras nos tomábamos una cerveza con el Mekong a tiro de piedra y los niños de la calle nos asaltaban el bolsillo y la conciencia, uno se imaginaba ser el americano impasible, aunque esto sea Phnom Penh y no Hanoi.
La avenida que camina paralela al río te lleva por la zona de los cafés extranjeros hasta el Palacio Real y al Museo Nacional, con las esculturas khmer. Pero como siempre en este viaje, nos llovía, así que preferimos ir a ver el Memorial del Genocidio. Porque, por si alguno lo había olvidado, aquí Pol Pot y sus compinches se cargaron a un millón y medio de camboyanos, un tercio de la población.
La vieja escuela donde se sitúa el memorial fue empleada como centro de tortura y muerte por los jemeres rojos. Estremece. Es espeluznante ver las celdas de madera, mínimas; las salas de tortura, con camastros de metal; las fotos de los detenidos y de las fosas comunes. Diecisiete mil personas pasaron por este centro de exterminio. Sobrevivieron nueve. Y mientras caminas en silencio por los cuatro edificios de la escuela tienes la sensación de escuchar los gritos desgarradores de los niños, las mujeres, los ancianos, que murieron aquí.
Ahora, después de un interminable viaje, estamos en Sihanoukville, en la costa camboyana. Una ciudad que toma su nombre del rey Sihanouk, que fue el que "trajo" la independencia a los camboyanos, pero que se alió con Pol Pot para echar de aquí el gobierno que habían puesto los americanos. Como siempre, el delirio hace extraños compañeros de cama.
Un beso a todos