sábado, 4 de octubre de 2008

Rodillazo en las costillas

O lo que es lo mismo, el golpe más repetido en un combate de Muay Thai. Después de dudas, dimes y diretes y que se yo cuántas cavilaciones más y cambios de planes, al fin hemos empezado nuestro documental sobre un luchador español de muay thai.

No voy a aburriros con detalles del proyecto, ya lo veréis, espero, en unos meses. Pero sí os voy a contar el comienzo. La película necesitaba de una secuencia con nuestros protagonistas como espectadores en un combate de muay thai, así que allí nos fuimos, con ellos, con la cámara, y sin saber muy bien que nos encontraríamos allí.

Para quien no haya visto muay thai en su vida, que supongo que sois muchos, es un arte marcial centenaria que tiene su origen en una técnica de combate cuerpo a cuerpo del ejército del antiguo Reino de Siam. Obviamente, su adaptación como deporte no es igual, pero sí que conserva cosas, empezando por el ritual guerrero que los luchadores efectúan antes de empezar el combate y muchas de las llaves o golpes que dan. A primera vista, se parece al boxeo pero son válidas las patadas, los codazos...bueno, unas cuantas cosas que duelen.

El estadio al que fuimos es uno de los dos principales de Bangkok, y el ambiente en la calle era más que peculiar. Apuestas, venta de comida, nerviosismo, no en vano es el deporte nacional. La velada se suponía que era muy buena, pues entre otros combates, luchaba uno de las grandes estrellas de los últimos años, aunque ya está acabando su carrera. Pero vuelvo al estadio. Nosotros estábamos en primera fila, entre falangs (extranjeros) y a dos metros del ring, pero lo interesante se cocía en el ring y en las gradas. Separadas por verjas metálicas hasta el techo, el griterío es enorme, la gente cruza apuestas, animan o increpan a su luchador preferido, todo acompañado por una banda que va tocando la música tradicional, que se acelera a medida que van pasando los minutos y se acerca el final del combate. Luces mortecinas. No dista mucho de lo que me imaginaba, pero no por ello es menos impactante.

El primer combate, unos niños, golpes poco estilizados, no muy certeros. Que unos niños participen de esto me parece indigno, pero...es el deporte nacional, aunque sea una barbaridad, y aquí lo practican como en España los chavales juegan al fútbol. A medida que pasaban los combates iban apareciendo gente más profesional, más experimentada, y los combates se endurecían. Combate con KO, noqueado en toda regla. Combate que acaba porque a un luchador le parten la cara literalmente de un codazo. Combate que acaba porque un certero puñetazo en el estómago deja al contrincante sin poder respirar en el suelo...

Como no estábamos allí ociando sino que estábamos trabajando y rodando, conseguimos entrar al vestuario para celebrar la victoria de un amigo de nuestros luchadores españoles. Eso es otro mundo. Aún más sórdido que el propio estadio. Olor a vaselina y a sudor, gritos, abrazos y alegrías, decepciones. Fotos con el campeón. Como experiencia, bien, aunque no la repetiría si no fuera por obligación.

Aunque esta entrada hable de muay thai, en realidad habla de trabajo, así que voy a contar nuestros planes más inmediatos, si no cambian otra vez. Llevamos una semana con cierta inquietud porque estamos teniendo algunos problemas. Por lo pronto, hemos descartado Vietnam porque para que nos dieran los permisos para rodar nos pedían aceptar unas condiciones inaceptables, así que...lamentándolo mucho, porque era lo que más me apetecía de esta aventura, adiós Vietnam.

No sé si saldremos ganando con el cambio, pero lo vamos a sustituir por Malasia y Singapur. No es seguro aún, más que nada porque ya hemos cambiado el orden de los viajes y las fechas cincuenta veces, pero en principio, y si nada cambia estos días, el sábado que viene volaremos a Kuala Lumpur, pasaremos allí 3 o 4 días y bajaremos a Singapur un par de días. Y después, camino de vuelta a Bangkok por tierra pasando por las playas de Phuket y más tarde Camboya, pero esa es otra historia que ya os contaré.

Un abrazo

1 comentario:

cesar dijo...

Si llegas a decir que podías captar el olor a tabaco de sus dedos o que dentro del gimnasio había una puerta que daba a un cuarto oscuro, ya no sabría qué pensar!!

De momento pienso que o vuelvo pronto a Tailandia o me veo unas cuantas veces vuestro documental ;-)