lunes, 29 de septiembre de 2008

Aserejé

Hace ya cinco días de mi último post, y, aunque han dado para bastante, no sé muy bien por donde empezar. Quizá lo mejor sea narrar un poco el fin de semana.

El viernes estuvimos de cervezas en una terraza en el río (algún día debería adivinar como se llama). Agradable, la curiosidad reside en que depende de la cerveza que tomes tienes una camarera u otra. Y la camarera de Singha era un primor. Pero esa noche terminó temprano, estábamos cansados y el sábado nos esperaba una noche que se prometía asilvestrada. Y a fe que fue.

Nos habíamos enterado por la dueña de que había una fiesta en el Raindogs, un garito que está de puta madre. Un porche, una barbacoa, una sala para bailar y otra con sofás, todo con rock occidental de fondo y bien servido. Desde que lo supimos, pusimos en marcha los mecanismos para juntar allí un buen grupo de españoles e invitar a gente conocida o lo que es lo mismo, intentamos adueñarnos de la fiesta que organizaban otros. Alberto decidió invitar a "nuestra" fiesta a una alumna suya francesa. Esta sería, más o menos, la conversación vía sms:

Alberto: "Hay una fiesta el sábado en el Raindogs, vamos a estar un grupo de españoles. Vente y así practicas"
Francesa: "Sí, ya sé lo de la fiesta. La organiza mi padre para celebrar el cumpleaños de mi madre"

Cualquiera en sus cabales habría decidido no acudir a esa fiesta...no era sólo que no conocíamos a nadie, sino que habíamos invitado a la organizadora! Pero fuimos, claro. Y conocimos a la cumpleañera, una francesa cincuentona con una marcha en el cuerpo que nos sentaba a todos. Y nos dieron barra libre de bebida y comida.

Por si la noche sabía a poco, decidimos cambiar de local, y nos fuimos al Sapaisi, un sitio que paga a los taxistas que te llevan hasta allí. Eso suena a que el garito es horrible. Pero no, sólo es un antro de perdición. Aunque el Sapaisi original estaba cerrado por una redada, lo habían montado enfrente, en la trasera de un restaurante. La sensación de estar entrando en un lugar ilegal se incrementaba a medida que atravesabas el comedor, te abrían una puerta que daba a un almacén, te metían en un ascensor, te subían a un primero, entrabas en una casa. Pero sí, allí había una discoteca, o algo parecido, lleno de gente. Por supuesto, ellos falang, ellas thais. Pero también había un karaoke, con un negro-chino descomunal que nos lanzó una mirada de quitar el hipo cuando Alberto, Dani, Villa y yo entonamos el Aserejé en inglés. Un espectáculo.

Llegados a este punto, y después de casi dos semanas en Bangkok, si habéis leido el blog os habréis dado cuenta de que de trabajo he hablado lo justo. Parece que sólo ociamos. No es cierto, no del todo. Estas primeras semanas íbamos a rodar un documental con un luchador de muay thai, pero al final no ha podido ser y nos hemos dedicado a preparar la tourneé por Laos, Vietnam y Camboya que empezamos la semana que viene y a buscar otras historias para rodar. Estamos en ello, pero eso os lo contaré en otra ocasión.

Un beso

2 comentarios:

cesar dijo...

Bueno campeón, tu déjate de trabajo que eso ya lo veremos en los cines cuando seáis famosos. Ahora queremos saber si estáis dejando bien alto el pabellón de España por esas tierras!!!

Un abrazo camarada ;-)

Anónimo dijo...

Señor Enrique, tenemos que hablar usted y yo, que en Logroño corren historias.
Uhmmm, y si puedes poner una pica y conquistar unas tierras, no te cortes. Yo pongo los arcabuces.
Un besazo y que vaya muy bien por ahí.

Chema.